A contracorriente

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No se puede denominar de otra forma nuestro viaje a Eurodisney. Ya se olía cierto tufillo gafe cuando tuvimos que retrasar el viaje. Pensábamos haber ido en el puente del Pilar, pero por aquel entonces media Francia andaba en pie de guerra contra Sarko por el tema de las jubilaciones y nos dejaban ir, pero no nos garantizaban que pudiéramos volver. Quisimos evitarnos un lío y mira tú por dónde, nos comimos el plantonazo del los controladores españoles.

Cuando llamé a Farala el viernes para decirle que los controladores estaban de "huelga" salvaje se pensaba que era broma. Pobrecica mía. A partir de ese momento vivimos pegadas a la CNN+ viendo cómo el descontrol se convertía en caos y cómo nuestra esperanza de que todo se arreglara para cuando tuviéramos que salir se iba desvaneciendo.

Al menos tuvimos la cordura suficiente para no intentar siquiera acercarnos al aeropuerto el sábado. Es una sensación rara eso de saber que tu vuelo debería estar saliendo tal que a las 14.00 y estar en casa rascándose la barriga. Después de comer discutimos nuestras opciones y dado que Air Europa estaba devolviendo el importe de los billetes cancelados decidimos minimizar pérdidas ya que hoteles, traslados, entradas, comidas etc lo dábamos por perdido. Cual sería nuestra sorpresa cuando la muchacha que nos atendió nos propuso cambiar el billete para la misma hora del día siguiente.

Empezamos así nuestro viaje en formato .rar a Eurodisney. Y mira que me gusta a mí un parque de atracciones, pero el palizón en día y medio que nos metimos no fue normal. Entre el frío, la nieve, la lluvia, las colas, el subir y el bajar acabamos derrotadas. Tanto fue así que a Farala le aquejó un extraño mal. Sucedió un par de horas después de bajar de la única montaña rusa en la que se montó, engañada por el plano del parque. Se quejaba de unas molestias, un dolor parecido a las agujetas. Y ¿dónde?, os estaréis preguntando. Respuesta: en la ingle. El dolor se incrementaba lógicamente cuando andábamos de una atracción a otra y desaparecía misteriosamente cuando entrábamos en una tienda o en una de las cafeterías del parque. Ella lo atribuía al frío así que propuso que la mejor manera de que al día siguiente estuviera en condiciones óptimas de continuar con nuestra maratón particular era un masaje cuando llegáramos al hotel. Y es que Farala siempre me anda liando para que la amase como un pan.

Aquí Farala y yo en plena faena

Ahora bien, queridas amigas, se me plantea las siguientes dudas: dado que no se ha vuelto a quejar ¿le dolía realmente la ingle o simplemente quería pirarse del parque? ¿Cómo se da un masaje en la ingle (he dicho masaje)? Últimamente la veo muy interesada en los pirineos ¿Tengo una novia más pícara lista que los ratones coloraos? Ayssss la duda me corroe. ¡Echadme una mano, primas!