Tierra, trágalos

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-Momento flagelo on-Vaga, más que vaga, que eres más perra que la chaquetaunguardia, ya te vale bonita decir que vuelves y pasar cuatro meses sin actualizar-momento flagelo off-

Y después de poner por escrito lo que habréis pensado todas en cuanto he subido en vuestro blogroll paso a la tarea que nos ha encomendado Candela al convocar concurso

Al principio de la convocatoria estaba venga a darle vueltas a la cabeza pensando en esa ocasión en la que tuve ganas de hacerme muy pequeñita y desaparecer y no se me ocurría nada de nada, cosa por otra parte bastante extraña, porque a estas alturas de la peli, quien más y quien menos ha sufrido alguna situación "tierra trágame". Hasta que di con el momento que con mucha razón mi cerebro había arrinconado en la última esquinita de la neurona más profunda.

Corría el año taitantos, en mi primer curso de carrera. Era una lechoncilla tierna que venía de un colegio de monjas, donde fui una buena alumna, sin ser especialmente brillante, aunque he de reconocer que siempre tuve una espinita clavada con la física y ese año en la facultad nos tocó un profesor en Física I especialmente "gracioso".

Y llegó el momento del primer parcial y llegó el momento más infausto aún de la entrega de exámenes corregidos durante la clase. Nos fue llamando por nuestros nombres y según volvía la gente a su asiento con el examen en las manos iban buscando ansiosamente la calificación. Por las caras del personal ya se apreciaba que había habido barrida general. Y entonces me tocó el turno. Yo iba cual oveja al matadero y cuando me entregó el exámen miré la casilla de la nota y ¡oh sorpresa! no ponía nada. Aparentemente el examen estaba sin corregir. No tenía ningún tachón, ninguna anotación. Nada. Bueno, algo sí que había: cuatro rayas de rotulador rojo pintadas en cada una de las esquinas del papel, a grosso modo algo tal que así:
Por más vueltas que le daba a la hoja no sacaba nada en claro y empezó a crecer la duda de si se le habría pasado corregirlo entre los más de cien exámenes de la clase. Esperanzada levanté la mano y dije:

 - "Perdone pero es que mi examen no tiene la nota"
 - "Qué raro", me contestó, "lo he repasado y todo el mundo tiene su nota en las fichas de clase"
 - "pues yo no la veo"

Entonces el profesor bajó de su tarima y se dirigió a mi sitio. Para ese momento mis más de cien compañeros estaban mirándonos al profesor y a mí, a ver en qué resultaba la cosa. Le devolví el exámen y él lo miró atentamente y me soltó:

 - "la nota está ahí puesta"

Yo ya no sabía si es que se estaba quedando conmigo o qué. Y el muy cabrón continuó:

 - "es un cero tan grande que no cabe en el papel"

Me quedé tan flasheada que no sé si mis compañeros se rieron o se quedaron tan mudos como yo. Lo único que sé es que aquel año me quedó por primera vez algo para septiembre porque la vergüenza fue tal que pasé de volver a clase con el tipo aquel.

Y aquí os dejo con una bonita canción de Klaus & Kinsky sacada de su album Tierra, trágalos y que me viene al pelo.