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Las IncreíbLES

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Con todo el morro me apropio para el título del lema camisetero de una de las ponencias de las Jornadas de Políticas Lésbicas celebradas en Cáceres. Las IncreíbLES tienen varios superpoderes: Lesbiana orgullosa visible feminista (ahí es nada).

Volví de Cáceres con las pilas recargadas y no fue para menos, pues 150 bollos conviviendo de buenérrimo rollo no se ve todos los días.

Con todo el morro vuelvo a apropiarme de un vídeo colgado en Picasa por Elena M.P. que no tenía código para insertar y como no la conozco de nada ni viene su email (al menos yo no lo veo) me lo descargado y lo he colgado por la patilla sin pedirle permiso. Pero es que quería mostrar un poquito de lo que fue aquello y creo que Elena lo consiguió así que el mérito es totalmente suyo.





Las blogueras que hicieron un taller ya postearon sus crónicas aquí, aquí y aquí. Así que yo poca cosa nueva os contaría. Quizás si alguna está interesada en alguna de las ponencias hay un par de ellas acá.

No tenía ninguna prisa por actualizar y contar mi crónica del evento. Posiblemente porque el motivo de que disfrutara como nadie de este fin de semana era totalmente personal y ajeno a las jornadas. Hacía mucho tiempo que tenía pendiente una charla larga y tendida y por fin medio pudimos hablar algo entre copa y copa, llegando a la conclusión de que como dijo aquel, algo va a quedar adentro tuyo siempre, algo que yo te dejé alguna vez. Y está bien que sea así, porque nosotras lo valíamos y no nos merecemos menos. Me gusta este punto al que hemos llegado después de todo.

Al final va a resultar que el amor es como cualquier otro tipo de energía que ni se crea ni se destruye, tan sólo se transforma.

Spannungsbogen

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Mis primeras novelas de emoción e intriga fueron varios tomos de Agatha Christie y de Conan Doyle que mi padre había comprado a un vendedor de ediciones Aguilar que se presentó en casa. Venían lujosamente encuadernadas e impresas en papel de biblia, así que había que tratarlos con mucho cuidadito si no querías enfrentarte a una bronca segura. Ni decir tiene que a mí semejantes advertencias no me hacían falta, ya que desde pequeña tengo una manía especial con los libros. No me gusta doblarlos, ni marcar las hojas, ni escribir en ellos (incluso en los del colegio procuraba escribir lo menos posible y siempre a lápiz). Resumiendo, que después de leerlos me gusta que se queden como los encontré.

Mientras leía aquellos libros me regodeaba haciendo conjeturas sobre quienes eran los asesinos o ladrones, como habrían cometido el delito y como se las apañaban para evitar que insignes detectives como Sherlock, Poirot o Miss Marple les echaran el guante. Me felicitaba por lo lista que había sido descubriendo a tal o cual sospechoso. Pronto aprendí que tanto Conan Doyle como Agatha Christie eran unos tramposos redomados, pues nunca daban las pistas suficientes para que el lector pudiera descubrir al verdadero culpable y el detective de turno siempre se sacaba de la manga a ultima hora algún detallito que ¡oh casualidad! era la clave del caso en cuestión.

Más tarde descubrí otras novelas donde sí te daban datos suficientes (o eso pensaba yo) pero lo divertido era que seguías sin adivinar quién era el culpable porque las pistas te llevaban a conclusiones completamente equivocadas o porque hasta el final no quedaba claro cual de los sospechosos era el autor del crimen. Porque no nos engañemos, la gracia de este tipo de literatura está en intentar descubrir al asesino antes de que te lo cuenten.

Así crecí, totalmente aficionada a los "murder misteries", la perfecta compañía en esos días de verano tumbada bajo una sombrilla. Y por ello en el verano del 2009, mientras corríamos Positano arriba, Pompeya abajo, aproveché una paradita en Sorrento y me compré una novela que me recomendó Farala: The good husband of Zebra Drive.

Sinceramente, no encontraba manera de conectar ya que no había prácticamente acción. Sólo el misterio de por qué los pacientes que se alojaban en cierta habitación de un hospital caían como moscas a pesar de no estar en peligro de muerte. El caso es llevado por una señora que tiene una agencia de detectives y a la que me imaginaba estilo Miss Marple (en negra) y con una mentalidad igual de pueblerina, pero al ser de Botswana como que identificarme me costaba un poco más. Y en esas andaba yo, con el libro aparcado, pero ya se sabe, el efecto Zeigarnik no hacía más que comerme la oreja y de vez en cuando le daba una avanzada de un par de páginas ya que entre que me ponía a averiguar por dónde iba y refrescar un poco la memoria con los acontecimientos hasta ese punto, la verdad es que no me daba para más.

Hasta que llegó Almamater y su martes insólito, concretamente el punto 4. No daba crédito. ¿Podría ser que la novela que no estaba leyendo estuviera basada en "hechos reales"? No tuve más remedio que adelantarme hasta el final y cotillear para acabar con aquel sufrimiento que se prolongaba ya un año y pico. Y ¡bingo! final destripado. Tampoco es que me haya dado un disgustazo porque a saber si me lo hubiera acabado en la vida, pero me gusta terminar los libros que empiezo (otra manía tonta).

Estoy de acuerdo en que cada cual lee como puede o más bien como quiere. Pero jamás de los jamases comprenderé a los que después de llevar apenas un par de capítulos ya están echando una ojeada al final para ver cómo acaba, se trate el libro de lo que se trate. A mi entender le quita toda la gracia al asunto.

Spannungsbogen: literalmente, secuencia de sucesos en una película u obra de teatro que crean suspense o tensión. Para los más frikis es la demora que se impone uno mismo entre el deseo de algo y el acto de conseguirlo.

Rosie

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Farala jura y perjura que soy clavadita a Rosie the Riveter. La imagen más famosa de Rosie (por si alguna despistada no ha caído aún) es esta



pero donde estoy clavadita según ella, es aquí



Quien me conozca en persona ahora mismo se debe estar desternillando, porque el parecido es asombrosamente nulo. Eso sí, yo también soy buena moza, por eso un carnaval de estos tengo que probar a disfrazarme de Rosie a ver cual de las dos tiene razón.

Mientras tanto, creo que Pink lo ha clavado bastante más. Atención chicas al momento "matador" y al momento "thank you monjita" jijiji


Cómo conocí a la suegra

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La verdad es que no recuerdo exactamente cuándo fue. Supongo que a primeros del 2008, unos meses después de que le diera el primer ictus. Nos presentamos sin avisar porque Farala tenía que recoger a Elenita e iba a ser cosa de un minuto y precisamente porque iba a ser algo rápido insistió en que subiera. Yo que me dejo liar con una facilidad pasmosa accedí y allá que me colé y en su casa me planté.

Abrió la puerta su otra madre (SOM) y Farala, muy cool, hizo las presentaciones, así que yo, igualmente cool, aguanté el tirón tan ricamente. Farala desapareció por un pasillo a buscar a Elenita y yo me quedé manteniendo una charla de ascensor en el recibidor con SOM, esperando no tener que ir más allá y salvar la situación sin mojarme ni un pelito más. ¡Qué poco conocía a Faralita!. Tardó poco poquísimo en asomar la cabeza por el pasillo haciéndome señas para que pasara al salón a ver a la que la parió (LQLP). Y con la facilidad pasmosa anteriormente mencionada para dejarme liar y porque tenía delante a SOM no era plan de empezar a jugar al "tú primero que a mí me da la risa", me dispuse a conocer a LQLP.

Habían sentado a LQLP en una silla de ruedas delante de una mesa camilla y estaba entretenida con la tele pero sin hacerle mucho caso. Farala me había contado que le hablaba de mí o de nosotras muchas veces, pero LQLP después del fiasco de la miniex no había querido saber nada más de los rollitos (yo aún no había ascendido a la categoría de novia) de Farala, así que no dio muchas muestras de reconocimiento. Farala hizo las presentaciones pertinentes y salió a yo no sé qué. Ahí me dejó. Sola ante el peligro. Y me fui a darle dos besos.

No sé qué me pasó. Estaba plantada a medio metro de LQLP y en vez de acercarme un poco más, me propuse darle los besos desde donde estaba. Y tan lejos me pillaba que al inclinarme vi que no llegaba y tuve que levantar una pierna para hacer contrapeso y no pegarme una "costalá" al seguir inclinándome. No hablo de un levantamiento discreto, no. Estoy hablando de que creo que el talón hubo un momento que superó el nivel de mi coronilla. Yo no sé si flipó o se pensaría que yo creía que tenía la peste o qué. No le dio tiempo a nada porque tras esa extrana demostración de equilibrio, coordinación y educación, entró Farala y empezó con las despedidas.

Hoy veré cómo se desenvuelve Farala, que es a ella a la que le toca conocer a la mia mamma. No sé si el escenario es el más ideal (una iglesia), ni la ocasión la más indicada (un funeral). El resultado creo que lo tendréis en Farala's.

Mi burrilla

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Allá por el mes de agosto fue mi cumpleaños. Como perfecta geek que soy les puse esta cara a mis padres (cachisenlamarsalada que cris me ha pisao la foto pero es que tenía ya el post medio escrito y paso de cambiarlo)


a ver si tenía suerte y me regalaban un miniordenador monísimo de la muerte, pero de 400 euracos. Evidentemente, mi capricho no les hizo ninguna gracia pero no dijeron ni que sí ni que no, así que empecé a mirar en el Mediamarkt de Alicante no se fueran a echar para atrás. Y sucedió lo que sucedió, que como son todos prácticamente iguales, entré en un bucle de dudas sin fin y no me decidí por ninguno. Luego me fui a Sorrento y después a Londres y a la vuelta mi madre me hizo como a los cerdos del chiste: me dio 200 € para que me comprara lo que quisiera. Así que mi gozo geek acabó en un pozo, porque no me iba a gastar 200 lereles en mi propio regalo.

Y pensando y paseando por mi segundo hogar (el parque del Retiro) y mayormente viendo a gente danzando por allí, se me ocurrió mi regalo de cumpleaños: ¡una bicicleta!. Miré unos cuantos foros de aficionados al mountain bike y tiré para el Corte Inglés a ver la semana fantástica. Subí toda ilusionada a la planta de deportes y pacientemente esperé a que los dependientes acabaran de hablar entre ellos y con el mecánico del taller de bicis. Cuando por fin se dieron cuenta de que estaba allí, no porque me hubiera puesto el ayuntamiento, sino porque quería una bici, uno de ellos se dignó a atenderme. Yo le dije clarito lo que quería: una bici sencillita y de unos 200 euros. Él me miró con aires de superioridad y me dijo que no tenía ninguna bici decente por ese precio. ¡Tócate los cojones mariloles!. Lo que más me molestó fue ese aire de suficiencia y el desprecio a mis 200 € (y que yo había visto una Orbea de la semana fantástica por 203 €). Me contestó que allí no tenían ninguna de ese precio. Claro, como que estaba en la web. Así que entró en internet, la buscó y cuando la vio dijo simplemente "¡ah pues sí! es que en la web hay ofertas diferentes que en la tienda". Yo le pregunté que qué tal era la bici y respondió que estaba bien. Esperaba que añadiera algo más, algún detalle, no sé... algo un poco más específico. Pero no fui capaz de sacarle nada más que que estaba bien. ¡A la mierda el corte inglés!.

Me fui a una tienda de barrio, en cuya web había visto una bici apañadilla, y encima rebajada porque en octubre empezaban a recibir las bicis del 2010. Me trataron de maravilla, me explicaron todo lo explicable, si tenía prisa me ofrecieron montarla y llevármela en 45 minutos, me regalan una revisión dentro de 3 meses para terminar de ajustarla o por si noto algo raro. Lo mismito que el corte inglés, vamos. Encima me llevo producto nacional que tal y como está la cosita hay que colaborar como se pueda oyes. Y he aquí mi nueva tiriketa:




Bueno esa es la versión photoshopeada. La de verdad de la buena es esta:


¡Estoy más contenta con ella!. Lo único que le falta es un nombre (y carril bici por todo Madrid ¡ya!). Acepto sugerencias.

Así me conquistó Farala

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Después de la segunda cita más larga de la historia (que va a cumplir en breve 1 añito ¡madredelamorhermoso cómo pasa el tiempo!), entusiasmadas como estábamos, hicimos un intercambio de regalos. Yo le hice llegar a Farala dos docenas de rosas verdes y rojas. Sí soy una clásica, ¿qué pasa?. Y ella me dejó anonadada con su regalo: un deportivo rojo que había comprado en Barcelona hacía muy poquito y que apenas había usado unos días porque decía que era horroroso. Yo ya lo había visto en fotos y siempre pensé que era chulísimo y como la mi Farala es así, cuando yo estoy yendo, ella viene de vuelta, así que me lo regaló.

Al principio no sabía muy bien qué hacer con él y me lo llevé al curro. Allí tuve ciertos problemillas y lo dejé aparcado hasta hace nada puesto que me ha hecho falta otra vez y la verdad es que va fenomenal. ¡Es más mono!

(lleva faros de xenon y todo)

Para que luego vaya diciendo que soy una facilona y blablabla...

Volada voy

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Estoy de un despegado del blog que pa’ qué. Yo me excuso diciendo que llevo sin conexión a internet en casa desde primeros de julio (Orange = caca). Pero si quisiera publicar ya me las apañaría como fuera (Farala me mira con cierta pena y dice que ya no soy bloguera ni ná). También influye que llevo dos meses que no paro en casa y claro, como yo soy de las que se tienen que sentar delante de la pantalla y meditar qué es lo que van a escribir, no hay manera oyes. Para más inri, veo a Farala que le salen los posts como churros, que se ha comprado un miniportátil en vacaciones para poder seguir dándole al vicio, y que desde entonces se lo lleva a todas partes incluso a los extranjeros y lo que me entra es una perrecitis de dimensiones colosales.

Lo peor de todo esto es que a veces encuentro ideas o me pasa algo y pienso ¡esto es de post! Pero voy a tener que empezar a apuntarlo porque luego me siento aquí y se me ha olvidado todo. A ver si va a ser que he perdido la voz, porque afónica fijo que estoy.

Cuando vuelva de Londinium intentaré centrarme y mientras voy haciendo unas gárgaras o algo.

42 segundos

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¿Será verdad que hay un momento en que ves tu vida pasar como si fuera una peli en unos pocos segundos?




Hay gente que no se conforma con esto, pero yo creo que no estaría mal una ver una peli parecida.

Estoy enferma

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Acabo de descubrir que estoy enferma. Mucho. Por lo visto, estoy aquejada de un trastorno denominado procastinación. ¡Que tengo un exámen esta tarde, me entran 3 temas y aún no me he mirado el tercero!. Menos mal que farala se piensa que soy un cerebrito y que mi excelsa inteligencia da para esto y mucho más que sí pero me tengo que poner.



Yo creo que no tengo la culpa. Es que el curso es un toñazo de mucho cuidado (documentación del sistema de calidad). Me apunté sabiendo que el curso no era presencial, pero me imaginé que nos darían un cd-rom para que nos lo currárramos en casita o que habría un campus virtual. En cambio, lo que nos dieron fue:

- un tocho una carpeta con el temario (sin dibujitos ni nada, que siempre alegran algo).
- una mochila roja de propaganda increíblemente ortopédica e incómoda de llevar.
- un cuaderno (que ya tiene ocupado un tercio de las hojas con consejos de seguridad y salud)
- un boli.
- un chaleco de seguridad guateado y reversible (que le he endosado a mi cuñada)
- ¡un chubasquero! que es como una bolsa (verde caqui) de basura glorificada.

Y con esto quieren que me pele el culo a estudiar. Qué poca psicología, de verdad.

Bueno, me quedan 7 horas hasta el exámen. A ver si hago algo y ¡dejad ya de distraerme con vuestros posts!