Va diciendo por ahí mi Pepito Grillo particular que ya no soy bloguera. Yo no lo siento así. Si tengo un blog, por definición, soy bloguera, lo que pasa es que voy a mi ritmo, que es muy lento. Así que mientras voy acabando (o no) los posts que tengo en borrador, aprovecho la ocasión para inaugurar mi teletienda particular.
¡Que me las quitan de las manos niñas!. Vendo unas Converse All Star del 39, buenas (auténticas), bonitas, tal que así
¡Que me las quitan de las manos niñas!. Vendo unas Converse All Star del 39, buenas (auténticas), bonitas, tal que así

baratas (30 €) y sobre todo nuevas (faltaría más). Interesadas dejad un comentario o mandad un email. Si sois de Madrid la cosa sería más fácil y nos ahorramos los envíos.
La historia de estas zapatillas es curiosa. Río de Janeiro, verano del 2008. Después de una mañana entera de pateo, decidimos pasar una tarde de shopping salvaje. En un arrebato me compro 3 pares de Converse: dos del 40 (mi talla) y uno del 39 (el que vendo). No me preguntéis por qué. Llevaba los pies como botijos después de la caminata, pero cada vez que me enfundaba las Converse rojas, mis pies encogían milagrosamente y me encontraba más a gusto que con las de mi número. Volví a Madrid y como ya había estrenado las otras dos, decidí reservarlas un poco. Hasta este verano, que intenté ponérmelas y resultó que mis pies habían recobrado sus dimensiones habituales. Así es que me he tirado un año enterohaciendo el canelo con unas zapas nuevas en el armario que no me valen, y yo sin saberlo. Esta es la historia de los pies increíblemente menguantes y de cómo me timaron para que les comprara algo que no les valía.
La historia de estas zapatillas es curiosa. Río de Janeiro, verano del 2008. Después de una mañana entera de pateo, decidimos pasar una tarde de shopping salvaje. En un arrebato me compro 3 pares de Converse: dos del 40 (mi talla) y uno del 39 (el que vendo). No me preguntéis por qué. Llevaba los pies como botijos después de la caminata, pero cada vez que me enfundaba las Converse rojas, mis pies encogían milagrosamente y me encontraba más a gusto que con las de mi número. Volví a Madrid y como ya había estrenado las otras dos, decidí reservarlas un poco. Hasta este verano, que intenté ponérmelas y resultó que mis pies habían recobrado sus dimensiones habituales. Así es que me he tirado un año entero
