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Iglesia católica: rebosamos amor

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Este post llega con retraso, lo sé. Probablemente habréis leído u oído lo que voy a contar a continuación, pero es que no he podido evitarlo. Voy a hablar de los curas y de las barbaridades que pasan por sus cabezas. A veces me pregunto si realmente se escuchan las perlas que echan por la boca.

Primero va uno y dice que los 40 millones de abortos (no sé de dónde saca esta cifra) son muchísimo peores que los pocos miles de niños irlandeses que sufrieron abusos por parte de los curas que se supone debían cuidarlos y educarlos. Sí, dónde va a parar.

Luego va otro y dice que como el sexo hoy en día es un divertimento, deberíamos sacar la violación del código penal, porque al fin y al cabo es como obligar a alguien a pasárselo bien un ratillo. Tócate los cojones mariloles.

Si a todo esto le sumamos declaraciones variopintas como aquella de que los preservativos aumentan la transmisión del SIDA y otras lindezas, pues no me queda más remedio que sacar a pasear el mazo.

Me saca de mis casillas su cinismo y su doble vara de medir para según qué cosas (ellos y los demás). Me repatea que se consideren autoridades morales con derecho a abrir la boca en cuestiones donde no se les llama. Me jode que no sean capaces ni de la más mínima autocrítica. Me parece humillante su machismo y el papel secundario al que han reducido a la mujer en la iglesia católica. Me asquea que parte de mis impuestos se dediquen a financiar una institución que no sólo no me representa, sino que además rechaza lo que soy. Podría seguir así "ad infinitum", pero sólo voy a recomendar un post con el que me estuve riendo un rato y una viñeta del genial Forges.