
La probabilidad siempre fue una de las partes de las matemáticas que más me gustaron. Creo que era porque dentro de la lógica absoluta de las matemáticas siempre había que mojarse el culillo y adivinar si la bolita de la ruleta iba a caer en rojo o en negro después de haber caído 38 veces seguidas en el rojo y claro, por mucho cálculo que le eches, al final sucede la vida y te da en todos los morros con la cruda realidad, que viene a ser la ley de Murphy. Y si no, dos claros ejemplos.
Hubo un tiempo en que las cosas entre mi ex y yo estaban, por decirlo de alguna manera nada más que regular. No quise saber de ella en lo que a mí me pareció una eternidad (en tiempo real: un año. Para más información
aquí). Andaba yo como alma en pena y dos amigas se animaron a sacarme de casa el día del orgullo. Yo pensé que seguro que mi ex andaría por allí, pero que con semejante gentío las probabilidades de encontrarnos eran escasísismas. Error. No sólo me la encontré a ella, sino que me encontré con que iba acompañada. La esquina de la muette empezaba a ejercer su influjo y tras las presentaciones podemos decir que se dio la situación embarazosa número 1.
Pasó el tiempo y las cosas entre mi ex y yo se suavizaron, pero obviamente nunca volvieron a tener la fluidez de antes. Para aquel entonces yo ya andaba con la mi
Farala, que no sé si sabréis que le gusta una quedada bloguera más que a un tonto un palo. Un día de esos decidió quedar con una bloguera de Valencia, otra de Almería y otra de Madrid. Se presentaron la de Valencia y la de Madrid. La de Almería estaba missing in combat. No venía y tampoco contestaba las llamadas, así que al final decidimos movernos porque la de Valencia se volvía para casa y el resto ya teníamos gazuza y se nos juntaba la hora de la cena con la del desayuno. Ibamos pasando por la esquina de la muette cuando de pronto nos encontramos con mi ex, su pandilla y de paso a la bloguera de Almería. La muy perra se enteró que mi ex había quedado por otro lado con
Coquí y
la Desgra y prefirió irse con ellas sin tener el detalle de avisarnos. La situación embarazosa número 2 en este caso fue para mí, ya que estaba vez la que iba acompañada era yo.
Y llegamos a la noche en blanco del otro día. Había que salir sí o sí, que si no al lunes siguiente no tienes nada de que hablar en el curro. Así que dejamos a Elenita con la babysitter y Farala y yo nos largamos
en plan living la vida loca que la noche era joven. Vimos la intercolada, cenamos, nos fuimos a ver la Gran Vía, nos empezamos a agobiar con tanta gente y decidimos hacer un descanso y tomarnos una copa por Chueca. Estuvimos cosa de una hora cogiendo fuerzas en el Lío y cuando ibamos a Cibeles que había baile en la plaza me dice Farala muy cool:
- ¿quieres ver a tu ex?
Y yo igualmente cool
- no me importaría, de hecho, ya sabes que también anda viendo lo de la noche en blanco.
(Inciso: mi ex no vive en Madrid, sino en una pequeña capital de provincias)
- pues nada, si quieres verla vamos por la esquina de la muette.
Y qué más dije yo y para allá que nos fuimos en plan
travesti inconsciente radical. Fue llegar a la esquina de la muette y encontrarla viendo baratijas en un tenderete todo uno. Esta vez no hubo situación (demasiado) embarazosa para ninguna de las dos. Ambas ibamos felizmente acompañadas de nuestras novias y nos fuimos todas juntitas a tomar algo por ahí con la gente con la que habían quedado.
Yo ya me he rendido. Me imagino que la esquina de la muette es EL pozo de mis probabilidades, donde lo mismo es 8 que 80 y el resultado final es invariable: encontrarme con mi ex. Sólo hace falta saber que está en Madrid y pensar que me la voy a encontrar y ¡voila! allí aparece. Y que conste que ya le he cogido cariño a la dichosa esquina, porque aunque sea en las circunstancias más rarunas me gusta encontrarme con ella, que la muy perri se hace carísima de ver.
Llegamos así al segundo ejemplo y es que Farala acaba de dar con su propio pozo de probabilidades en un bar de carretera a 150 km de Madrid por la A-3. Porque vamos a ver, ¿qué probabilidades hay de que suceda lo siguiente?. Volvemos de un fin de semana en la playa y paramos para cenar y repostar. Estamos tan a gustito y de pronto una mujer de voz cavernosa a la par que nasal exclama "¡quéeeee sorpresaaaaaa!" ,"¡hola preciosa!" e inmediatamente se abalanza sobre Elenita que estaba a punto de quedarse dormida sobre su plato de ensaladilla. Yo miro a la mujer que me resulta ligeramente familiar, miro a Farala que se ha quedado blanca y miro a Elenita que nos mira a nosotras y no sabe qué hacer. Yo caigo por fin ¡coñoooooo que es la
super-ex de Farala!. Sí, la protagonista de la situación de la que no-no-no-no podía ni quería hablar. La misma mujer a la que ha evitado como la peste durante 3 años. Tenemos así la situación embarazosa número 3 (por llamarlo de alguna manera) con Farala sin soltar ni una palabra, yo de convidada de piedra y Elenita la pobre capeando el temporal como podía.
En cuanto nos levantamos de la mesa empezamos a comentar la jugada. No podíamos dar crédito a la situación y eso que acababa de ocurrir hacía escasos segundos. Intentamos calcular la probabilidad de semejante suceso y las cuentas mentales nos daban un clarísimo "enlaputavida".
No sé si vosotras tendréis vuestros propios pozos de probabilidad, pero Farala y yo ahora estamos dilucidando cuál es el más gordo, si el mío por acumulación y repetibilidad o el suyo por aleatoriedad cósmica.